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Yussif, Khadima, Sánder y Reduán, en el CIE

In Aquí on January 20, 2013 at 4:14 pm

DSC09670“Me ha tocado la mala suerte del 2013”. Lo dice Yussif Idriss, que el pasado 10 de enero fue encerrado en el Centro de Internamientos de Extranjeros (CIE) de la Zona Franca de Barcelona, la antelasa de la expulsión hacia su país de origen. Habla con la resignación y la calma de quien ya ha pasado por mucho. Se le oye bien, pero sólo a través del auricular del teléfono; la mampara de cristal del locutorio destinado a las visitas insonoriza su voz y lo separa físicamente de sus interlocutores. Justo al lado, en otra cabina, Sánder habla también tras el cristal y a través del teléfono con su hermana Leidy. No le permiten abrazarla, ni a ella ni a sus dos sobrinos, dos críos de poco más de cuatro años que correrán seguramente mejor suerte que su tío: nacieron ya aquí y su madre y su abuela tienen papeles. Se han traído una pelota para entretenerse y observan tranquilos la conversación. Leidy reconforta apenas a su hermano, ambos tienen el ánimo muy decaído. Los regidores del Ayuntamiento de Barcelona por ICV-EUiA Ricard Gomà y Janet Sanz animan también a Yussif y le cuentan que ahí fuera unas setenta personas de su barrio, el Poble Nou, exigen su liberación.

Yussif es ghanés; Sánder es boliviano y Reduán, que habla con sus primos un poco más allá, es marroquí. Khadima, otro vecino del Poble Nou recluido hace poco en el CIE, es senegalés. No se conocían antes, ahora comparten celda en el CIE y quizá un mismo destino: ser expulsados y devueltos a sus países de origen. Yussif cuenta que se encuentra bien, que los internos se apoyan entre ellos y que el trato en el centro es correcto, pero la mampara de cristal y la vigilancia policial cuestionan que estemos en un centro de internamiento temporal (el máximo es de 60 días) supuestamente con carácter “no penitenciario”. “Diles a los de fuera que estoy bien, intentando ser fuerte. Que no se preocupen, a veces las cosas son así, me ha tocado la desgracia de 2013”, me encarga antes de despedirnos.  “Saludos para todo el mundo, diles que los quiero”.

Llegar al CIE ha sido complicado pero he conseguido no perderme siguiendo con el coche a cuatro furgones de la policía catalana que se dirigían hacia el lugar, probablemente alertados por la protesta convocada por la Assemblea Social del Poble Nou con el apoyo de la plataforma Tanquem els CIEs. Visitar a Yussif  ha sido mucho más sencillo de lo que había previsto. El abogado de Yussif y Khadima, Andrés García, miembro de la Red de Apoyo a los Asentamientos, ha accedido primero a la visita con el diputado d’ICV-EUiA David Companyon y Montserrat Torres, responsable de política de Inmigración de ERC, que también han acudido a dar apoyo a la protesta;  yo lo he hecho después con Gomà y Sanz. Nos han pedido el DNI y hemos pasado un control de seguridad menos riguroso que el del aeropuerto del Prat, cuyos aviones sobrevuelan esta instalación vallada y aislada entre las naves industriales y almacenes de la Zona Franca. Salvo en transporte privado, la única manera de llegar hasta aquí es con el autobús 109 que sale de plaza de España, nada accesible para las familias.

Mientras Yussif se entrevistaba con su abogado, hemos esperado nuestro turno en un cuarto junto a Leidy y sus dos hijos e Imán, la novia de Reduán, y Amina, Khadiga y Aïsha, prima y tías maternas del chico  (en la foto).

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La detención de Sánder, el 17 de diciembre pasado, pilló a Leidy y a su madre pasando la Navidad en Bolivia. Pesaba sobre él una orden de expulsión emitida en agosto tras una pelea con una chica que lo denunció. Leidy cuenta que este martes lo despertaron a las cinco de la mañana, le dieron una bolsa de basura para guardar sus pertenencias y lo embarcaron dentro de un avión, esposado y sin cordones en los zapatos. Consiguió al final salir de ahí y pudo avisar a su familia. Leidy acudió al SAIER, el servicio de atención a los inmigrantes extranjeros y refugiados del Ayuntamiento de Barcelona, que la puso en contacto con un abogado especialista en extranjería. “Hace cinco años que Sánder llegó a España, pero no hemos conseguido que nadie le haga una oferta de trabajo y con la crisis es todavía peor”, se lamenta.

Reduán está en el CIE desde el sábado, cuando lo detuvieron en una discoteca, bastante bebido. “Los porteros de la discoteca le dieron una paliza, y va y lo detienen a él. ¿Pero qué tipo de justicia hay aquí? Es joven, ¡es normal que salga y beba!”, se indigna sus tías. Reduán tiene 24 años y llegó hace cuatro a Barcelona en busca de trabajo. Estaba a punto de conseguirlo, dicen, tenía ya una oferta a la que tenía que presentarse dentro de unos días. Vive con sus tías, que lo mantienen y lo defienden a muerte. Mañana tienen previsto presentar un recurso contra su detención. “Por qué lo han cogido? ¿Por qué la mala suerte nos cae siempre a nosotros? ¿Por qué echan a la gente buena de aquí?  Somos gente pobre que venimos a trabajar y a buscar un plato de comida”, exclaman.

La historia reciente de Redúan, Yussif, Khadima y Sánder es similar. Todos llevan ya años en territorio español y, salvo Yussif, todos tienen familiares en situación regular y con medios económicos (los primos de Reduán tienen ya nacionalidad española) y pueden acreditar su arraigo. Yussif, de 20 años, formalizó hace unos meses en el registro de parejas de hecho su relación con una chica española, Sara, por  lo que está tramitando los permisos de residencia y de trabajo por la vía comunitaria. De hecho, la detención, producida tras el desalojo de una nave ocupada en el Poble Nou, se produjo tres días antes de que tuviera que recoger el último papel para acabar los trámites, su certificado de soltería. Mañana su abogado y su novia tienen cita en la delegación del gobierno en Barcelona para regularizar los papeles y evitar la deportación. “No es lógico que una persona que está en un claro proceso de regularización esté encerrado en un CIE, cumple todos los requisitos”, afirma García, que recuerda que a afectos de extranjería las parejas de hecho están equiparadas con las que han contraído matrimonio.

La situación de Khadima es más compleja, subraya el abogado después de haberse entrevistado con él. Vivió en Zaragoza durante unos años con su abuelo y unos primos, pero se trasladó a Barcelona hace unos meses para buscar trabajo.  Le detuvieron en un control policial rutinario en Collblanc, durante el que se detectó que era objeto de una orden de búsqueda y captura por un juicio pendiente de 2009, cuando se ganaba la vida como top manta en Albacete. Tiene pendiente, además, una orden de expulsión. “La orden de expulsión es de 2008 pero a él lo detienen en 2013. En todos estos años ha recorrido un camino de arraigo y tiene en España familiares con los papeles en regla y con recursos económicos”, explica García, que está estudiando la posibilidad de recurrir legalmente su expulsión alegando la caducidad de la resolución administrativa.

El horario autorizado de visitas toca a su fin y los familiares de Reduán se unen a la protesta y exigen el cierre de los centros de internamiento. Una pancarta escrita en catalán reclama el derecho a un techo digno. “Queremos un techo, no prisiones. Ninguna persona es ilegal”, recuerdan en sendos carteles dos amigos de Yussif, también de origen subsahariano, que explican que el chico es músico y organiza jam sessions en el barrio, donde está muy integrado. “Es muy duro que te metan en un lugar así, donde no había estado nunca, por buscar un hogar donde vivir”, me ha dicho el joven ghanés durante la visita. “Vinimos todos con ganas de trabajar y poder salir adelante”.

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