lalisandi

El Bahréin de Ali Abdulemam

In Más allá on March 10, 2011 at 3:47 pm

Bahréin es mucho más que la Fórmula 1, la sede de la V Flota de la Marina estadounidense o un hub bancario que ofrece grandes oportunidades financieras, aunque sea sobre todo por eso que salga de vez en cuando en los medios de comunicación. Es mucho más complejo y estratégico de lo que sugiere su pequeño tamaño (649 Km2) y reducida población, unos 800.000 habitantes ( sin contar los más de 400.000 extranjeros que se calcula que viven en el país), cuyas tres cuartas partes son chiíes y el resto, la minoría dominante, suníes. Cuenta, además, con una blogosfera potente, avezada a las nuevas tecnologías y acostumbrada a lidiar contra el acoso y la censura. Pese a su juventud, Ali Abduleman, liberado el 23 de febrero tras casi seis meses de detención, es uno de los activistas online pioneros en el mundo árabe. Tiene ahora 32 años, pero tenía tan sólo veinte cuando abrió bahrainonline.org, un foro de debate bloqueado dentro del país. Es uno de los seis candidatos al premio Net-citoyen, con el que Reporteros Sin Fronteras y Google reconocerán mañana la defensa de la libertad de expresión en la red.

Bahréin, junto con Túnez y Egipto, es uno de los países de la región donde el activismo virtual ha sido más activo desde que internet llegó al mundo árabe a finales de los 90 (la penetración es ahora del 88%). Estudiante de Ingeniería de Telecomunicaciones por aquel entonces, hijo de padres analfabetos, Ali decidió crear Bahrain Online en 1998. “Hacía falta explicar lo que pasaba, documentar la historia de los chiís, porque nadie hablaba de ella, y comunicarnos con la gente y con los que se había exiliado en Londres”, me contó durante el otoño de 2007, cuando viajé a Manama con el propósito de conocerlo, a él y a otros blogueros y activistas de derechos humanos bahreinís. Lo abrió bajo el anonimato, seguro ya que algún día acabaría en prisión.

Controlado por la seguridad del país (había sido detenido por primera vez en 2005 poco después de abrir un blog), nuestra primera conversación tuvo lugar a salvo de escuchas en la habitación del hotel donde me alojaba; al día siguiente me llevó con su coche a conocer la isla y los suburbios chiíes de Manama, donde las pintadas pidiendo la liberación de los detenidos y las fotos de los mártires de la revuelta chií del año anterior cubrían las paredes de las viviendas.  Quería mostrarme la cara oculta del país, ahí donde no llegan los bólidos ni el turismo de lujo, donde no se comparte ni la arena de las playas ni la bonanza económica del reino, sostenida por el petróleo, las reservas de gas y la banca internacional, y desde donde se divisan a lo lejos los lujosos rascacielos de la capital.  Ali quería que viera la discriminación que hacina en barrios abandonados la mayoría chií en un reino donde la minoría suní y la dinastía Khalifa dominan no sólo el poder y se reparten los puestos del gobierno, sino los negocios y la propiedad de la tierra, como mostró en 2006 un mapa creado anónimamente usando Google Earth.

“Necesitas saber la historia para entender los que pasa”, había insistido durante esa primera conversación en el hotel y antes de arrancar una larga y apasionada revisión del pasado más reciente de su país. Empezó el relato en 1971, año de la independencia bahreiní, cuando Isa Bin Salman al-Khalifa asumió el título de emir; siguió en 1973, cuando se redactó una nueva constitución, cancelada en 1976, y se celebraron elecciones. Recordó lo que llamó el “periodo negro” de los 80 y los 90, cuando hirvió con más fuerza el descontento chií, especialmente a partir de 1994 y hasta la llegada al poder, en 1999, de Hamad bin Isa al-Khalifa a la muerte de su padre. El nuevo rey (antes emir) promovió en 2001 una nueva constitución que convirtió al país en una monarquía parlamentaria, un proyecto aprobado por referéndum con más de un 90% de participación y el 98,41% de los votos.

“Mi error fue creer en el rey, como mucha otra gente; creí que llegaba una nueva era, que tendríamos nuestros derechos. Mi padre me avisó: ‘Desconfía, harán lo mismo de siempre’”. Y lo hicieron: el rey Hamad no cumplió las expectativas de cambio y las reformas se revelaron pronto más cosméticas que reales: el principal partido de oposición chií (Al Wifaq) boicoteó las elecciones del 2002. Durante las elecciones del 2006, en las que sí participó, obtuvo 17 de los 40 escaños pero su influencia fue contrarrestada por la Cámara Alta del Parlamento (Consejo de la Shura), con igual poder legislativo y cuyos 40 miembros son designados a dedo por el rey.  Las elecciones se repitieron por tercera vez en octubre del año pasado y siguieron a una campaña de represión contra la oposición chií durante la cual fueron detenidos 23 conocidos líderes y disidentes, entre la cuales Ali Abduleman, arrestado el 4 de septiembre y acusado y juzgado bajo la ley antiterrorista de 2006 (que criminaliza los actos que “perjudican la unidad nacional”) por difundir información falsa en la red y formar parte de una cédula terrorista.

La historia de los anhelos y las revueltas chiíes están documentadas en bahrainonline.org, que pronto se convirtió en un punto de encuentro, de toma de decisiones y de debate caliente. “Lo abrí una noche, y al día siguiente ya tenía cuatro miembros registrados, a pesar de que no se lo había dicho a nadie. Un mes después, ya tenía cien. Me superaba, algunas eran personas influyentes, veteranas.  Algunos líderes estaban en prisión y se discutía qué hacer, si seguir o no. Se notaba que se estaban rindiendo”.  En 2001, mil personas se habían registrado ya en el fórum y Ali reclutó un equipo para ayudarle a gestionarlo. En 2002, decidió salir del anonimato y revelar su nombre. “Creía que la libertad no es algo que se tiene sino que se debe practicar. Si yo me daba a conocer, otros seguirían mi camino. Quería que el gobierno supiera que la nueva generación no tenía miedo de revelar su identidad y decir que éramos opositores”.  A principios de 2005,  Bahrain Online ya tenía 43.000 miembros y entre 150.000 y 300.000 hits al día y figuró entre los 3.000 sitios más visitados de todo el mundo de entre un total de 10 millones.

El fórum evolucionó, al igual que lo hizo Ali, que de militante islamista pasó a activista laico y liberal. “Mi lucha es por Bahréin”, me contó.  “Mi portal está dedicado a ayudar a la oposición y a las libertades. No es mi problema si el portal es chií, ¿hasta cuándo seremos los únicos que pidan que se construya este país?”. Cuando salió de prisión el 23 de febrero  pasado, se fue derecho a la rotonda de la Perla, convertida desde el 14 de febrero en una suerte de Tahrir bahreiní, e instó a la oposición a unirse y acordar demandas conjuntas.  Aunque las protestas se convocaron en un principio para pedir reformas, tras la represión sangrienta inicial –siete muertos y centenares de heridos- muchos jóvenes activistas luchan ahora por el derrocamiento de la familia real.  “¿Queréis que la familia real se vaya del país o no? Si resolvemos las diferencias conseguiremos lo que queramos”, afirmó.

Los manifestantes aseguran que no abandonaran las protestas, que se repiten a diario. Pude chatear vía Facebook hace dos días con Mohamed al-Maskati, joven activista y fundador de la Bahrain Youth Society for Human Rights, que llena estos días la red de vídeos, fotos y comunicados sobre lo que sucede al mismo tiempo que organiza en las tiendas plantadas en la Perla talleres sobre métodos de resistencia no violenta. “Las protestas seguirán hasta que todo cambie. La gente se siente libre y en paz; come camina y duerme en LIBERTAD”, escribió, añadiendo que se ha perdido el miedo a las fuerzas de seguridad, reforzadas con el reclutamiento de suníes de otros países (Pakistán, Jordania o Siria) a algunos de los cuales se concedió la nacionalidad bahreiní para modificar el equilibrio sectario del país. Mohamed, no obstante, está inquieto por lo que pueda suceder mañana, viernes, el día festivo en el país, cuando los manifestantes planean marchar hasta la corte real en Riffa, una plaza fuerte suní al sur de la capital donde vive parte de la familia Khalifa

 

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