lalisandi

La maldición de los dictadores

In Más allá on March 1, 2011 at 3:43 pm

Carlos Latuff/2011

Carlos Latuff/2011

Cinco años de progreso en esta época equivalen a cinco siglos en el pasado. Lo escribía no hace mucho Gamal Eid, director de la Red Árabe para la Información sobre Derechos Humanos (Hrinfo), una organización egipcia fundada en 2004 para promover la libertad de expresión en Internet. Eid se refería a la audacia con la que los guerreros del teclado egipcios, nacidos con la explosión de los blogs durante la primera mitad de la década pasada, han dado a luz a una nueva generación que usa las redes sociales con una eficacia y una soltura sin límites. Su seña de identidad: la enorme capacidad con que difunden su mensaje y movilizan a la juventud.

Con el concurso de los jóvenes activistas online egipcios, Hrinfo ha hecho mucho por extender la libertad de expresión y el uso seguro y eficaz de la red en Egipto y en otros países vecinos y, de rebote, por la libertad en general. Tras y junto a Al Jazira y otras televisiones árabes por satélite, Internet ha ido minando progresivamente desde principios del siglo XXI el monopolio de los medios de comunicación y se ha convertido en una suerte de maldición para los dictadores árabes, no sólo porque ha permitido el acceso a información alternativa –a menudo prohibida- sino porque de ahí a opinar, concienciar, politizar y, finalmente, movilizar a gran escala el trecho ha sido muy corto.

Las redes sociales permitieron a los llamados “chicos del Facebook” egipcios tanto difundir y organizar las protestas como enterarse y participar en ellas. El papel que jugaron en activar y promover la revuelta en la calle ha sido ampliamente reconocido: sin ir más lejos algunos de ellos, miembros de Todos somos Jaled Said o del Movimiento de jóvenes para el 6 de abril, se reunieron este lunes con el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas formando parte de una coalición de jóvenes que incluye también a miembros de los Hermanos Musulmanes y seguidores de Mohamed Al Baradei, entre otros opositores. También el rol de los activistas online se tuvo en cuenta simbólicamente en Túnez al nombrar al bloguero Slim Amamou, detenido durante las revueltas, Secretario de Estado para la Juventud.

Si los tunecinos inspiraron a los egipcios, ellos han multiplicado el efecto dominó, y no me refiero sólo a los días de rabia en la calle sino al uso de las redes sociales para organizarse y amplificar el mensaje. En Marruecos, el Movimiento del 20 de febrero, con más de 30.000 miembros, es el más numeroso de los varios que han surgido en el país; en Iraq, el Iraqi Streets 4 change cuenta con pocos miembros para detalla en mapas la localización de las protestas; en Siria, The Syrian Revolution 2011 ya tiene 28.000 seguidores, lo que son muchos teniendo en cuenta la dureza con la que el régimen de Al Assad reprime la disidencia online (Facebook estuvo bloqueado en el país durante los últimos cinco años). En Omán, el grupo de Facebook  Revuelta 2 de marzo por la Dignidad y la Democracia cuenta con 2.300 seguidores y en Arabia Saudí Revolución saudí 20 de marzo (más de 7.000 miembros) detalla en Facebook sus más que razonables peticiones. (Una puntualización tan sólo: no todos lo seguidores son necesariamente ciudadanos de los países en cuestión; la solidaridad sin fronteras impera en la red)

Ya sea para disentir o tan sólo para relacionarse, el número de usuarios de Facebook está creciendo a toda velocidad en el mundo árabe: durante el año pasado se incrementó en un 78%, pasando de casi 12 millones a más de 21 millones. Pero la situación de Internet y las redes sociales en Egipto, Túnez o Bahrein, países donde las tasas de penetración de Internet (24,26%, 34,07% y 53%, respectivamente)  y de Facebook (5,49%, 17,55% y 34,27%) son altas en la región – a pesar de que en todos haya estado o esté bajo diferentes niveles de control- es muy distinta que en otros países como Libia o Yemen, como distintos son los niveles de desarrollo, la alfabetización, los aparatos de seguridad o el margen de maniobra de la oposición política.  Egipto reúne a casi una cuarta parte de los usuarios de Facebook árabes y cuenta desde hace años con una comunidad de activistas online hiperactiva, tanto en el mundo virtual como en el real. Lo mismo sucede en Bahrein, con una potente aunque pequeña blogosfera, o en Túnez, donde la ciberdisidencia ha sido siempre muy experta y audaz desde el exterior y diezmada por el aparato de represión de Ben Ali en el interior. El crecimiento de Facebook durante las dos primeras semanas de enero fue en el país magrebí del 8%.

El caso Libia es muy distinto. La tasa de penetración de Internet y de Facebook es muy reducida (5,51% y 3,98%, respectivamente). Aun así, las plataformas sociales –ya sea Facebook, Twitter, Flickr, Youtube o Bambuser-  están siendo imprescindibles para informar con textos, fotos y videos sobre lo que sucede, difundir el mensaje y convocar la solidaridad internacional. En Twitter, el hashtag  #Feb17 ha dado identidad a las protestas en el país. El 17 de febrero ha inspirado el nacimiento de muchas páginas web y de un grupo en Facebook (más de 94.000 seguidores, también en inglés) donde se discute dónde y cómo protestar. La fecha no coincide solo con el día en que empezaron las protestas sino que recuerda cuando, el 17 de febrero de 2006, las fuerzas de seguridad mataron a más de una docena de manifestantes anti-Gadafi en Bengazi, y la detención, 365 días después, de 14 activistas que planeaban marchar pacíficamente en Trípoli para conmemorar su muerte. La lucha, en todas partes, viene de lejos.

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